QUÉ ES EL WHITE MARKETING

Frío o calor, playa o montaña, digital o analógico, blanco o negro… eternos contrarios y siempre origen de debates y discusiones. El Marketing no iba a ser menos y a raíz del fraude publicitario, sobretodo en el ámbito de Internet, ha surgido una nueva corriente, una nueva manera de entender el Marketing que arroja algo de luz a este sector, una nueva filosofía que busca la transparencia y la calidad para el cliente por encima de cualquier cosa: el White Marketing.

El término, acuñado por el publicista Roberto Blanco Brime, pretende ser un certificado de calidad hacia los clientes haciendo frente al Marketing masivo invasivo que siempre se ha desarrollado (lo que podríamos llamar también a nivel extremo como “Black Marketing”).

Este nuevo Marketing garantiza ética, responsabilidad, eficacia y transparencia en todas sus acciones. El fin, y esto es lo más importante, es satisfacer todas las necesidades del clientes actual, ofreciéndole información específica para poder conectar con él.

Hace unos meses, en un artículo de marketingdirecto.com se recogía qué es considerado White Marketing y qué no, así que vamos a aprovechar esa clasificación para acabar de completar nuestra explicación.

¿Qué podemos considerar White Marketing?

¿Qué no podemos considerar White Marketing?

¿Qué no es White Marketing y puede ser considerado Black Marketing?

  • Publicidad display en sitios no go
  • Programática masiva
  • Remarketing
  • Publicidad invasiva
  • Venta a puerta

El cliente ha cambiado

Es obvio que el cliente ha evolucionado y requiere de mensaje concretos, personalizados al máximo, que supongan una experiencia positiva única con la marca y eso es lo que busca el White Marketing.

Si es así y todos somos conscientes de ello, ¿por qué la gran mayoría de marcas siguen valorando más la cantidad que la calidad? Ello no hace más que suponer pérdidas en: dinero, credibilidad e imagen de marca; lo que necesitará de gran cantidad de recursos y tiempo para poder contrarrestarlo.

Aunque parece sencillo de comprender, es algo a lo que la gran mayoría de marcas no están prestando la suficiente atención, entre otras aspectos, a causa de su fe ciega en la publicidad programática y los algoritmos que emplean sus softwares para dictaminar qué contenidos pueden ser relevantes o no para el cliente.

 

La publicidad programática y el caso YouTube

Veamos un ejemplo conocido para ver que es lo que el White Marketing pretende evitar. Todos tenemos en mente la polémica de hace unos meses con YouTube, descubierta por el periódico británico The Times, en la que se demostraba que varios grupos terroristas estaban ingresando cuantiosas sumas de dinero por la difusión de anuncios en sus vídeos.

Como es lógico, esto provocó una reacción en cadena haciendo que numerosas marcas internacionales interrumpiesen su publicidad digital hasta aclarar el asunto, ya que veían perjudicada gravemente su credibilidad e imagen de marca.

Algunas marcas achacaron este incidente a la publicidad programática. Y estaban en la cierto, ya que a pesar de la seguridad y las políticas de YouTube en contra de vídeos violentos, la cantidad de vídeos que se suben diariamente hacen casi imposible evitar que los vídeos de este tipo puedan acabar apareciendo previamente a anuncios de cualquier marca.

Y es que se aprovechan las ventajas de la publicidad programática y sus algoritmos para buscar la máxima segmentación posible (por edad, género, datos geográficos, etc.), pero no se cubren sus “vacíos”. En otras palabras, no se centran en la calidad de los contenidos con los que se relacionan los anuncios dando lugar a relaciones que perjudican gravemente la imagen de las marcas.

¿Es necesario un cambio de modelo?

Entonces, ¿tiene sentido la segmentación si después la marca acaba siendo asociada a contenidos de baja calidad? ¿Por qué las redes programáticas no son más transparentes respecto a los lugares en los qué aparecen los anuncios?

Son buenas preguntas para las marcas que siguen empeñadas en continuar con la misma concepción del Marketing, ya que no se trata de un problema leve ni mucho menos. El fraude publicitario mundial en el medio online se cuantifica que ascendió a 12.480 millones de dólares en el pasado año según los datos de The&Partnership.

Otro problema conocido por su gran repercusión en los medios también ha sido el de las noticias falsas de baja calidad cuya única misión es la de generar más anuncios, más clics y más volumen de tráfico sin tener en cuenta ni la pérdida de calidad ni de credibilidad de las marcas relacionadas a dichas noticias por insertar sus anuncios en ellas.

Por suerte, las grandes corporaciones están tomando decisiones en este aspecto, y por ejemplo, Google retiró el pasado año 1.700 millones de anuncios que infringían sus políticas publicitarias.

En definitiva, que hagamos publicidad digital no significa que con eso sea suficiente y que podamos seguir realizando el marketing intrusivo y masivo que se ha hecho hasta ahora, sino que se deben tomar cartas en el asunto y cambiar a la par que el cliente, evolucionar a un nuevo modelo y sobretodo centrarnos en el principio del White Marketing: CALIDAD por encima de cantidad.